Mi parto (Parte II)

Durante todo el tiempo que estuve en dilatación el personal fue super respetuoso, atento y cariñoso conmigo.

Yo solamente quería caminar  cuando tenía una contracción (es verdad que alivia el dolor y se lleva mejor), y no me pusieron ningún problema es más, al ponerme los monitores me dijeron que si andar me aliviaba que no tenía por qué estar tumbada, que siguiera de pie todo lo que aguantara (o hasta que me pusieran la epidural) que aquello ayudaría a que el bebé “bajara” y así fue.

En todo momento dejaron estar a mi marido conmigo y nos dieron toda la intimidad posible al dejarnos solos…

11:30h Por fin llegó el momento de la epidural!!

La anestesista (super maja la mujer) tardó 5 minutos en estar presente y se lo agradecí muchísimo. Resumiendo un poco el momento de la epidural, diré que se me hizo eterno. Teniendo contracciones cada minuto, tuvimos que parar varias veces y se me hacia muy difícil no moverme.

En esos momentos me repetía a mi misma una y otra vez, ya está Cristina, esta será la ultima contracción que notes, aguanta.

Fueron 45 minutos larguísimos hasta que por fin dejé de notar las contracciones. Pero, dejé de notarlas porque ya no habían contracciones.

Veíamos como las matronas miraban los monitores una y otra vez y ponían un gesto serio… Yo veía como ya no se marcaban las contracciones pero en ese momento pensaba que era porque no me dolían y no, era porque se había parado el trabajo de parto en seco.

Al fin la matrona me dijo lo que pasaba. El parto se había parado, así que esperaríamos unos minutos más y probaríamos con oxitocina. Si con esto no volvían las contracciones, cerrarían el grifo de la epidural.

Me asusté muchísimo, ya pensábamos lo peor. Después de todo el trabajo que ya llevaba, acabaría todo en una cesárea.

En cosa de 10 minutos con oxitocina volvieron las contracciones y con ellas una presión fortísima… Me decían que eso era bueno, que era el niño queriendo bajar, que empujara cada vez que la notara.

De repente noté que estaba sangrando y llamamos corriendo a la matrona la cual, cuando vio que efectivamente estaba sangrando me dijo que ya estaba aquí, que siguiera haciendo lo mismo e igual de bien que iban a preparar el paritorio.

Unos minutos después ya estábamos en el paritorio mi marido, la matrona y una auxiliar (menos mal que no tuve a ciento y la madre viéndome el tema como en mi primer parto).

Sólo diré que el expulsivo empezó a las 13:00h y Alejandro llegó al mundo a las 13:06h de la tarde. Rápido verdad? 😉

Fue algo increíble, sin prisas, sin episiotomía innecesaria, muy distinto al recuerdo que tenía de la vez anterior y que tan marcada me dejó.

En el momento que cogí a mi hijo y me lo puse encima fue mágico, no hay palabras para describir ese momento. Yo misma pude ponérmelo al pecho y notar su calor, estaba tan calentito… y notar ese olor a vida.

Cerré los ojos y pensé, por fin estás aquí conmigo, todo a merecido la pena. Prometo no soltarte nunca.

Lloré. Si, lloré de alegría, lloré de la emoción, lloré por miedo y por mil cosas más.

A diferencia del primer parto, en este lo tuve todo el rato encima mío (piel con piel) no lo pesaron, ni lo midieron, todo podía esperar. Alejandro estaba bien, se le veía perfecto y era momento de que estuviera conmigo bien pegadito y empezar con la lactancia cuanto antes.

Ya en un box, la matrona me ayudó a empezar con la lactancia. Para mi sorpresa el peque se “enganchó” super rápido y bien al pecho.

Miraba a mi hijo, tan pequeño pero a la vez tan grande… 4,080kg y 52cm ni más ni menos de bebé tenía entre mis brazos, un bebé que había llevado dentro durante 40 semanas y 5 días. Un bebé al que amaba desde el minuto cero. Por fin estaba conmigo y todo había salido perfecto.

Di gracias a la vida por hacerme mujer, por darme la oportunidad de poder ser madre.

Para las futuras mamás que podáis leer este post u otro, deciros que no tengáis miedo. Ningún parto es igual a otro ni siquiera en la misma mujer. El dolor se olvida y en la vida hay cosas que duelen más que esto. Que será el día más feliz e importante de vuestras vidas y que lo viváis a tope sin ningún miedo.

Me ha encantado compartir este momento con vosotras. Ahora mismo tengo a mi pequeñín durmiendo a mi lado y me sigo emocionando al mirarlo tanto como aquel día. Sin duda, fue uno de los días más felices de mi vida.

 

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